"Inmediatamente ellas, con miedo, pero con una gran alegria, se fueron del sepulcro y corrieron a anunciarlo a los discípulos."
Hacía falta dos personas para poder dar un testimonio válido, y, según la Ley, esas personas debían ser hombres. Desmontando los argumentos que encorsetan la lógica humana, el resucitado quiere que los primeros testigos de su resurrección sean dos mujeres.
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